Cuando elegí el nombre de la página, barajé otras opciones. Una que se aproximó a la meta (pero no llegó) fue “mosaicos”.
Me parecía una forma visual para mostrar cómo nos construimos, cómo -la suma de “pedazos heterogéneos”- termina conformándonos. Pero en la imagen del mosaico había algo que no me convencía: su rigidez. Una vez construido, queda fijado. Y nosotros tenemos la posibilidad del cambio, tenemos la posibilidad del movimiento.
Y ahí surgió la palabra “Calidoscopio”. Y con ella apareció el elemento “giro”. No sé si habéis jugado en vuestras infancias con un calidoscopio. Yo sí.